Tengo un reloj que llora,pierde las horas de alegría y tristeza que fue cultivando. Está colgado en la pared donde cuelgo las fotos mojadas, las heridas sin empaquetar y el viento con el que adorno mi vida de alquiler. Soy una tránsfuga del partido de los que son valientes y huyen hacia atrás, en otro tiempo fuí una rebelde que huía hace delante y siempre atinaban en mi pecho. Ya no puedo permitirme este lujo, tanta dureza me agrieta, me gotea el espíritu, me susurran las tripas como si fuesen parte de un precipio del que no tengo salida.

Tengo que olvidarme de que yo me encuentro bajo otra luna, tu paisaje ya no desemboca en mi camino, ya sabía que los atajos siempre te llevaban a una calle sin salida,donde yo, por supuesto, no estaba. Qué vergüenza debe de sentir mi dignidad, que poco considerada soy con mi creencia de que sólo te he pillado en un mal día. Ya son demasiados malos días, nunca te tomas vacaciones y a mí, se me proclama una úlcera.

He dejado atrás a personas y cosas qe me hacian feliz, porque creía que te teniía delante, pero sólo era una pose. Tu equívoca confusión, ha hecho que bajase la guardia,ha producido un cambio en mi actitud y me he dejado querer, cuando sólo había cenizas por tu parte.

No puedo arrepentirme, no puedo sentir nada y eso es lo que nunca te voy a perdonar. Me hundí en las arenas movedizas de tus adulaciones y ahora no sé como salir, como seguir sin etiquetar a los demás con estúpidos prejuicios, derivados de la confianza que hiciste que generase.

Me dices que estamos esplendorosos, que hace tiempo que no me oyes llorar, pero lo que no sabes es que tengo una habitación de goma en la cual me deslizo por las paredes y éstas sujetan mi dolor y hacen que cuando salga de ella, me veas completamente regenerada, como si hubiese vuelto a nacer y nunca me hubiesen hecho sentir qué es el dolor.

No puedo escaparme de tí, tampoco puedo desaparecer por un tiempo, únicamente me puedo quedarme y afrontar esta guerra, que me lanza cien balas de alegría y quinientas de disgustos y amargura. Pero al final del día, todo esto se convierte en polvo, cuando apareces por la puerta de mi casa, clavas tus ojos marrones como la tierra húmeda que piso con mis sandalias y haces que resurja lo que un día hizo que me sintiese única contigo.

Hay procesos de desintoxicación que acaban exitosamente, otros vuelve a reincidir y nunca logran concluir con una sonrisa, ya veremos entre estas dos opciones, cuál elijo que sea la mia.